El despertar cada día y verificar que estoy viva es un regalo, es una bendición de Dios, es una oportunidad para seguir adelante. Sin embargo, la ausencia física de mi hermano me ha traído en mis sueños profundos sobresaltos, sudores, el sólo pensar y vivir con la idea que no podré verlo, sentirlo, escucharlo me da mucha nostalgia. Me pregunto si esto es bueno y por qué estoy aferrada a ese pensar de no volver a verle nunca más.

Se que no lo veía todos los días y tampoco hablaba con él a diario, pero sabía que estaba, no importaba donde estuviera, estaba tranquila con su existencia, pero ahora tan rápido se ha ido, aunque doy gracias porque pudimos hablar por teléfono.

Aún recuerdo que te preguntaba ¡Hermano! ¿cómo estás? Y tú con tu voz, siempre tranquila me decías que estabas bien, todo fino y que te gustaba tu nuevo lugar de trabajo en la Gran Sabana. Ya la conversación se me hacia un poco larga, porque eras de poco hablar y ese día conversamos bastante, pero yo por dentro feliz de escucharte y orgullosa de sentir que estabas bien.

Cuando como de costumbre me dices te paso a mamá, me dije ¡caramba ahí está Paúl! ya no quiere hablar más y te lo respeté como de costumbre. Esos minutos me supieron a gloria. Dos horas más tarde recibo una llamada donde me decían que ya no estabas, que nos habías dejado físicamente.

La verdad no podía entender o quizás en el fondo de mi alma no quería escuchar lo que me estaban diciendo. Me dije a mi misma, esto es un cuento. Arreglé todo y también emprendí mi viaje y en lo que menos canta un gallo yo ya estaba a tu lado dándote el último adiós y escuchando las historias y experiencias vividas con tus compañeros y amigos.

Aunque mi alma estaba triste a su vez me sentía alegre de escuchar todas las historias de boca de tus compañeros, esto me daba una paz enorme a mi alma porque me hizo sentir orgullosa de ti, aunque nunca esperé nada, solo te acepté como eras, te defendía a capa y espadas.

Me encanta esa mezcla margariteña con alemana, vaina pa’buena, porque tener lo gracioso, ocurrente del margariteño y lo estricto, correcto y disciplinado de tu parte alemana, te hicieron un ser único y maravilloso. Te entregaste para salvar muchas vidas, para ti, ni hora ni fecha en el calendario eran motivo de impedimento para realizar tu trabajo, que elegiste y lo desempeñaste siempre desde el corazón.

El saber que no estás quizás es inseguridad, que viene siendo nada más que una expresión del apego. Cuando nos sentimos inseguros, nos aferramos a lo material, a las cosas y a las personas mismas. Lo que más me llama la atención que mientras nuestro apego se incrementa el miedo se hace cada vez más grande ante la pérdida, lo cual afecta el estado emocional.

De todo esto he aprendido a conocer el desapego, que viene siendo no estar pendiente de lo que tienes o de ese ser querido que ya no esta físicamente o que no podemos estar sin las amigas, que si no estamos encima de ellos no podemos continuar con nuestra propia vida.

El desapego para mí significa ser libre y otorgarle la libertad a los que te rodean. Puedo vivir con la idea de que mi hermano no está, aunque puedo seguir y disfrutar de los placeres y oportunidades que la vida me brinda. Continuar mi vida a plenitud recordándolo siempre, consciente que no está pero que todo dentro de mí está bien. Él ya cumplió su misión aquí y que los que quedamos continuamos con la nuestra.

En estos dos meses he aprendido que la vida me sigue brindando nuevas oportunidades y las recibo con amor. Cuando el desapego lo integras contigo, ante las adversidades no te sientes obligado a ir en contra de la corriente sino que aprendes a ir con ella. De esta forma siembro la semilla de la esperanza para cada situación que acontezca en mi vida, lo cual se que no le debo temer a la cosecha de oportunidades que ella me brindará.

Me he dado cuenta que todos estos momentos de angustia han sido más que nada al apego a mi hermano, lo cual no me hace feliz. Por eso decido que los pensamientos que hay en mi mente serán los que realmente me hacen feliz y no el entorno que me rodea. Sé que él está bien y yo me permito seguir adelante. Sigo aprendiendo…..

Porque más allá de las circunstancias, ¡Tu ya puedes lograrlo!