Cuando vivimos un desequilibrio entre el plano físico y el plano espiritual, nuestro cuerpo lo manifiesta de diferentes vías y maneras. Este se puede reflejarse como un estado gripal, malestar estomacal, otitis, entre otros.

Lo importante de todo esto es estar conscientes de nuestros procesos, porque estos se desarrollan, ya sea por alguna experiencia de dolor, tristeza, rabia y con el pasar de los días o meses, finalmente se manifiestan y sale a decirnos “aquí estoy”. Muchas veces nos van mandando señales, pero no las escuchamos, seguimos en piloto automático, sin tomar en cuenta esas manifestaciones de nuestra alma, que con amor, nos va comunicando.

A veces estos procesos son necesarios para enseñarnos lo que sucede a nuestro alrededor y para darnos cuenta de que todo comienza en nuestro mundo interior, que no somos más que una energía/alma cubierta por un cuerpo.

Cualquier proceso que estés pasando, bien sea una tristeza, bueno o malo, es difícil alegrarse en su momento por eso, pero sí puedes, al contrario, estar agradecido de ellos, porque nos hacen más fuertes.

Claro está que cuando te sucede alguna experiencia difícil, el reconocer todas las cosas buenas de ella se hace complicado, hasta la misma luz no la podemos ver, porque todo lo vemos oscuro.

La esperanza se pierde, se siente mucho miedo y la incertidumbre nos abruma.

En esos estados emocionales, el reconocer de dónde viene su origen o qué te llevó a donde estás ahora, siempre es bueno porque nos dan una idea de cómo sucedió y así poder entender mejor lo que estás viviendo. Una vez que das con ese momento, automáticamente comienzas a sanar, porque te está haciendo consciente de ello.

El aceptar con amor y ser compasivo en tu proceso, te ayudará a que por lo que estés pasando sea menos doloroso. La aceptación es muy importante, pues ayuda a irte liberando poco a poco del problema.

Reconocer cualquier situación en tu vida, te ayudará a liberarte de esa lucha interna que sucede en tu cuerpo, y contribuirá a estar en una sensación de paz.

Por muy oscuros que sean esos momentos, lo que te están tratando de decir es que escuches a tu ser, y que conectes con tu propósito de vida, con el aquí y el ahora. Que somos responsables y que podemos cambiar el rumbo de nuestras vidas. Claro está, dejar de ser tú, cuesta mucho, ya que venimos con aprendizajes adquiridos, aprendidos; pero sí es una elección y decisión querer cambiarlo.

Abraza cada momento, circunstancia, que llegue a tu vida; reconócelas, acéptalas y libéralas para que puedas alcanzar tus sueños.

Ningún proceso que nos haga salir de nuestra zona de comodidad es agradable, pero una vez que los asumes con valentía y trasciendes, puedes sentirte orgulloso de tu crecimiento tanto físico como espiritual.

En cada situación de tu vida, tú decides y eliges qué camino escoger. Si no puedes, siempre es bueno conservarlo y no quedarte con esos sentimientos guardados. Si ves que no lo puedes hacer solo, pide ayuda a terceros para facilitar tu proceso y trascender.

“La gloria del mundo es transitoria, y no es ella la que nos da la dimensión de nuestra vida, sino la elección que hacemos de seguir nuestra leyenda personal, tener fe en nuestras utopías y luchar por nuestros sueños”: Maktub.

Recuerda: ¡Tú ya puedes lograrlo!